Doble reto: reindustrializar España y convertirla en un Hub de energías renovables

JUANJO CATALAN. 4 Julio 2022.

Acabé mi anterior artículo hablando sobre las oportunidades profesionales con la transición energéticaaludiendo a que necesitamos una «nueva fuerza laboral para llevar a cabo el cambio de vector energético«. En el mismo post mencionaba que la inexorable transición energética no sería sencilla porque, además de las barreras económicas y socioculturales que habitualmente se citan, existe el problema de las materias primas necesarias para su implementación y la indispensable participación de los investigadores, geólogos y especialistas en nuevos materiales; la conclusión de que España puede ser una gran potencia en energías renovables no es algo novedoso, si se contempla desde la perspectiva de generación de energía primaria renovable .

De lo que no se habla tanto es que podemos ser una potencia en la fabricación del equipamiento necesario para autoabastecernos en energías limpias; incluso ir más allá, exportando a otros países de la Unión Europea y no depender tanto de Oriente, especialmente de China.

Con ello alcanzaríamos una doble autonomía en términos energéticos, como sería generar energía autóctona renovable con tecnología propia.  El beneficio sería impresionante sobre todo teniendo en cuenta que la crisis energética no es un problema coyuntural, sino un problema estructural. Que hace todavía más urgente la transición energética.

España tiene potencial para liderar la transición energética invirtiendo en su industria de infraestructuras, equipamientos y componentes para el despliegue de las energías renovables y la movilidad eléctrica.

Recuperar nuestra industria, llegando a niveles nunca alcanzados

En Estados Unidos se crearon en el año 2021 más de 260.000 puestos de trabajos relacionados con la relocalización de la producción que se había marchado a países de bajo coste (es el fenómenos conocido como Reshoring). La pandemia mostró la extrema debilidad de las cadenas de suministro globales, que podían colapsar por el cierre de puertos o de fronteras críticas. Pero este fue solo el detonante de un fenómeno de retracción de la globalización producido por la superposición de diferentes fuerzas.

En primer lugar, la compensación de las estructuras macroeconómicas: fabricar en Asia no es ya tan barato, mientras que, desgraciadamente, en los países occidentales los salarios se han mantenido o han ido a la baja. En segundo lugar, el incremento del coste del transporte y la inestabilidad inherente a los modelos logísticos, con numerosos cuellos de botella. El tercer factor, la robotización, que realiza las actividades productivas menos dependientes de la mano de obra y de la geografía. Y, en cuarto lugar, los motivos geoestratégicos: la pandemia nos hizo conscientes de que éramos profundamente vulnerables por la falta de toda clase de productos, desde los productos más básicos a los nuevos materiales. y con carácter especial a los chips electrónicos.

Europa se encuentra en una situación muy vulnerable al comprobar la extrema dependencia que tiene de Asia o de EEUU en algunos suministros estratégicos como los semiconductores. Nos hemos dado cuenta de la importancia de la autonomía estratégica. No es suficiente con «saber» desplegando centros de investigación y universidades; es importante  “hacer que las cosas pasen”, convirtiendo el conocimiento en tecnología aplicada y hacerlo aquí.

Fabricar localmente: garantizar la soberanía europea y los puestos de trabajo estables y de calidad

Durante años, se ha desmantelado la industria europea, se ha perdido conocimiento productivo, y se han evaporado clases medias que han reaparecido en Asia. Con la guerra de Ucrania y la fragmentación del mundo en tres bloques (EEUU, China y Europa), se hace más patente que nunca la necesidad de una reindustrialización rápida, inteligente, basada en conocimiento y sostenible, respetuosa con el medio ambiente en Europa. Es preciso dar un golpe de timón ya que el viento de la industria ha cambiado de sentido:

Antes la globalización tendía a externalizar con el modelo “Low-Cost”; ahora la tendencia ha cambiado a internalizar posicionándose en el “High-Tech” en un tiempo récord.

En el norte de Europa ya lo han sabido interpretar y son el modelo a seguir con siete países que están entre las diez economías más innovadoras del mundo: Alemania, Austria, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Suiza y Holanda. Economías de alta intensidad innovadora sustentadas por potentes clústeres de pequeñas y medianas empresas, muy tecnificadas y que trabajan cooperativamente con centros tecnológicos.

Tomando el este modelo como referencia, España tiene que aprovechar el impulso de los fondos Next Generation para realizar las inversiones oportunas y desarrollar una potente industria de la movilidad sostenible para no perder posiciones en la industria del automóvil, ya que somos el segundo país productor en Europa, después de Alemania; y junto con la electro-movilidad, apostar por tecnologías emergentes como la ciberseguridad, la digitalización de las redes y el almacenamiento eléctrico, entre otras.

La transición renovable implica apostar decididamente por la innovación

Hay que hacer posible una integración masiva de energías renovables, implantar el almacenamiento, trabajar en la potencial hibridación con nuevos vectores energéticos como el hidrógeno verde, desplegar la eólica offshore, extender las Smart Grids, en especial en el despliegue de las comunidades energéticas en sus múltiples facetas, y la implantación masiva de la movilidad eléctrica.

En España disponemos para todo ello de ingeniería avanzada e industrias que hace tiempo están marcando tendencia. Recientemente participé como moderador en una mesa redonda https://www.youtube.com/watch?v=MHILu8zFS9Q, donde expertos sobre soluciones sostenibles e innovadoras que se están desarrollando en España pusieron de relieve el potencial de la tecnología eólica marina offshore flotante, su desarrollo previsto y la tecnología e innovación que aporta.

La eólica offshore flotante es una de las tecnologías o energías renovables que mejores perspectivas de desarrollo ofrece en nuestro país.

Industria propia para liderar la transición energética

Para finalizar, destacar que alcanzar las metas propuestas supone reforzar una industria propia y liderar con ella la transición energética; para lo cual principalmente se requiere trabajar en tres líneas:

  1. Tenemos que desarrollar soluciones híbridas de almacenamiento, supercondensadores, electrónica de potencia, para integrarse como activo en la red de transporte y aportar la fortaleza y estabilidad al sistema eléctrico en un contexto con una penetración de energías renovables mayor.
  2. Desarrollar sistemas inteligentes, sensorizando las líneas para recoger información del viento, la temperatura o la radiación solar. De esta forma, nos permiten aprovechar mejor la capacidad de transporte de las líneas y, por tanto, integrar más energía renovable en el sistema.
  3. Debemos crear nuestras propias tecnologías:  IoT, aplicaciones 5G, inteligencia artificial, gemelo digital, robótica, drones, plataformas digitales o Big Data, junto con la implantación de tecnologías inmersivas como la realidad aumentada y la realidad virtual; a esto se uniría además la ciberseguridad y nuevos equipamientos y materiales, y una nueva generación de cables para el transporte de energía y la gestión inteligente de la red.

Estos desarrollos aplicados a la gestión energética establecerán sinergias para su implantación en otro tipo de industrias, si sabemos crear ecosistemas colaborativos o Hubs.

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